Método infalible para tomar decisiones

Chica dudando ante una toma de decisiones

Si has llegado hasta este blog probablemente sea porque te atormentan muchos de los dilemas de los que hablo aquí; porque eres una mente dispersa. 

Y uno de los problemas más incómodos para una mente dispersa, como bien sabrás, es tomar decisiones. Ni siquiera se trata de tomar decisiones satisfactorias, qué más quisiéramos nosotros que la cosa fuera tan fácil. No, para una mente dispersa "al uso", el mero hecho de tomar una decisión es un suplicio en sí mismo, independientemente de que el resultado del proceso sea acertado o no. 

Yo sufro incluso cuando tengo que elegir plato en un restaurante, sobre todo si viene el camarero y me "canta" la oferta, en lugar de darme una carta y dejarme tranquilidad para sopesar los pros y los contras de cada decisión. 

También tengo más pares de zapatos de lo que sería razonable, cosa que he descubierto, recientemente, que tiene cierta relación con la reticencia a elegir un solo camino en la vida. Al parecer, algunas personas necesitamos saber que hay más opciones, y eso se refleja en distintos órdenes de nuestra vida, incluso en nuestra particular colección de zapatos, que abarca estilos de lo más variado. 

Pues sí, así es, a mí me resulta duro tomar decisiones. Siempre bromeo con la idea de que, pasados los cuarenta (bastante pasados, ya), aún no tengo claro lo que quiero ser de mayor, aunque debo decir que empiezo a ver la luz. Espero decidirme antes de cumplir la edad de jubilación... 

El caso es que, de un tiempo a esta parte, estoy poniendo en práctica un método para tomar decisiones que me está dando buenos resultados, y que podría llamarse "método naturalista" o "método orgánico", por ponerle algún nombre. 

¿Y EN QUÉ SE BASA ESTE MÉTODO?

Pues en que, según he observado, normalmente ya sabemos la decisión que debemos tomar, pero nos resistimos a hacerlo. ¿Por qué? Porque, parte del proceso de hacerse adulto parece implicar el hecho de tener que actuar en contra de nuestros instintos, deseos inconscientes y sentimientos más profundos. 

Nos hemos empeñado en creer que lo que sentimos no cuenta. Que debemos dar más peso a nuestras creencias aprendidas que a nuestras tendencias innatas. Que lo que debes hacer nunca podrá coincidir con lo que quieres hacer. 

Y ante la infelicidad que nos ha proporcionado esa creencia en el pasado, este método pretende sacar a flote lo que, de modo más inconsciente, nos dicta nuestra esencia. 

Todo este rodeo para decirte que hagas lo que te pida el cuerpo. 

Así, sin más. El cuerpo no miente. Cuando actuamos en contra de nuestra naturaleza y nuestros deseos más profundos, el cuerpo se rebela. Aparece la ansiedad, el nerviosismo, el estrés... Nos alejamos de la paz de espíritu, y eso es muy dañino. 

Yo he tropezado una y otra vez en la misma piedra a lo largo de mi vida. Intento convencer a mi cabeza de lo que no es. Tengo por delante una encrucijada, una situación que me crea malestar, un dilema que me está agobiando, y lo que hago es ignorar las señales que me manda mi cuerpo y tratar de autoconvencerme de que debo continuar por el camino que más daño me hace. ¿Por qué? Porque pienso que cualquier otra decisión supone ser una inmadura, huir de mis responsabilidades. 

¿Pues sabes qué? Que ya no lo creo así. Somos muy tontos, pero muuuuy tontos. No digo que haya que huir de todo y dedicarse a vegetar debajo de un olivo esperando a que otro pobre currante se ocupe de nosotros, pero hay mil caminos alternativos al que nos está provocando ese agobio, y muchos de ellos son más adecuados para nosotros. Sólo tenemos que buscar uno que restablezca nuestro equilibrio interno.

Seguro que has oído alguna vez aquello de "lo noto aquí, en mis tripas", que parece algo propio de chalados aficionados al esoterismo. Pero muy al contrario, es el mejor método que puedes aplicar para tomar decisiones, y no cualquier decisión, sino decisiones adecuadas. 

A ver, a ver, un momento: por supuesto, hay muchas consideraciones que debemos tener en cuenta antes de lanzarnos a abandonar un proyecto, una relación o cualquier camino que nos hayamos aventurado a recorrer, pero "escuchar a tu cuerpo" tiene que ser un paso fun-da-men-tal

Créeme si te digo que la paz volverá a tu vida como por arte de magia. El camino elegido estará de nuevo alineado con tus creencias más arraigadas, tus valores y tu naturaleza, y eso sólo puede hacerte bien. 

En serio, ¿nunca te has encontrado a alguien que dice estar muy contento con su nuevo trabajo o su nueva vida (por poner un ejemplo) y cuyo aspecto parece gritar a los cuatro vientos todo lo contrario? Que parece estresado, infeliz, nervioso, cansado... ¿No será que se está engañando a sí mismo? ¿No será que se niega a creer que un ascenso, más dinero y más reconocimiento, pueda ser algo negativo en su trayectoria? 

Yo creo que seguramente su cuerpo se lo está diciendo a gritos y él se resiste a escucharlo. 

Pero por supuesto, tú puedes hacer lo que quieras. La toma de decisiones sobre el camino a elegir es una cosa muy personal. Yo sólo te digo que este sistema funciona. 

Personalmente, lo he comprobado en los últimos meses en distintos órdenes de la vida, y en lo tocante al campo profesional, he dejado mi trabajo en medio de este escenario tan incierto, sencillamente porque mi cuerpo me dijo claramente que había llegado el momento; he dicho que no a un proyecto que había iniciado con otras personas (no ha sido fácil hacerlo), porque a medida que avanzaba, me absorbía más y más energía vital, al no estar en absoluto alineado con mis intereses, mis valores y mis metas; y he decidido seguir el camino que más paz me está proporcionando, trabajando por mi cuenta y con total libertad, como llevaba tiempo planeando hacer. 

¿Me irá bien? Quién sabe, pero al menos estaré haciendo lo que, desde mi fuero interno, sé claramente que debo hacer. Y, francamente, esta tranquilidad mental no tiene precio. 

Supongo que es mucho pedir que me dejes un pequeño comentario, ¿verdad? Me encanta conversar, aunque seguiré predicando en el desierto, si hace falta.  ;)




(Imagen de Gerd Altmann).




Comentarios

  1. Suscribo hasta la última letra, "aún no tengo claro lo que quiero ser de mayor".
    (No te denunciuo por plagio xq me caes bien, jajaja).
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. :D Ah, no, aquí está la prueba fechada de que yo lo dije antes! :P Gracias por el comentario. :)

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    2. Gracias a ti por contestar!
      (Faltaría más):

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