Me han echado de la lista de interinos



Hoy me apetece hablar de temas más mundanos, porque, al fin y al cabo, es lo que me afecta el 99% de mi tiempo. Ya quisiera yo llevar una existencia etérea y artística durante las 24 horas del día, pero no es así. La mayoría de mis días transcurren entre las preocupaciones por mejorar mi situación laboral, el control de los llamamientos para interinos de enseñanza secundaria, la creación de un negocio online, la escritura de una novela (cómo me gustaría terminar una novela, Dios)... 

Pero hablemos del segundo de los asuntos que he mencionado: las listas de interinos para enseñanza secundaria. 

En mi vagabundeo mental por las mil y una salidas profesionales para la carrera de Derecho, se me ocurrió, cómo no, presentarme a las oposiciones para ser profesora en un instituto. No lo hice demasiado mal, y tenía un puesto decente en la lista final de aspirantes a puestos de interinidad (listas de interinos, para entendernos). 

El procedimiento para llamar a los "privilegiados" a los que les llega el turno para optar a una plaza de sustitución, comparte algunas notas definitorias con los más sofisticados métodos de tortura de la Edad Media, pero pasados por el tamiz del refinamiento del siglo XXI. 

Veamos: los actos de adjudicación consisten en que, cada semana, se publican las plazas disponibles porque algún profe se ha puesto malo, se ha jubilado, ha dado a luz, o, como ocurre mucho este año, tiene que guardar una cuarentena de catorce días por culpa del coronavirus. Y los ansiosos candidatos que figuran en la lista de interinos deben presentarse por vía telemática al mencionado acto de adjudicación, si no quieren que los dejen fuera perdiendo así cualquier oportunidad de volver a participar en llamamientos posteriores. 

Esto lo publican un día determinado de la semana, cada vez a una hora más tardía, y te dan unas horas (hasta la mañana siguiente) para estudiar las opciones, ordenarlas según preferencias (las que te vayan a jorobar menos, las primeras, y las que te parten por la mitad, las últimas), y esperar rezándole a tu angelito de la guarda a que salgan los resultados de la adjudicación. Esto suele suceder ese mismo día hacia la tarde noche. Y, si has sido agraciado o agraciada con una plaza, te tienes que personar en el centro en cuestión a primera hora de la mañana siguiente. 

Qué bien, ¿no? 

Pues no. Se me ocurren unas cuantas pegas a este sistema. 

PRIMERA: 

Si estás trabajando en otra empresa, no hay forma humana de despedirte de buenas maneras. Es una cerdada para tu empleador, hablemos claro. No puedes soltarle un miércoles por la noche que al día siguiente ya no vas a ir a trabajar porque te ha salido "algo de lo tuyo". Eso está muy feo, y, para los que tenemos un mínimo de escrúpulos, es un motivo más de malestar durante toda la tarde del miércoles, mientras esperas que se publiquen los resultados de la adjudicación. 

SEGUNDO:

Las vacantes son de obligatoria solicitud siempre que se trate de jornada completa, pero sin importar si se trata de una semana o de todo el curso. Muy bonito, hombre. O sea, que si yo no quiero que me excluyan de la lista y perder la oportunidad de que la siguiente vez salga una plaza en mi localidad o un poco cerca, me tengo que arriesgar a que me toque una plaza de una semana en la otra punta de mi comunidad autónoma y poner mi vida patas arriba gastando más de lo que voy a ingresar, amén de otros inconvenientes que me pueda acarrear el asunto. 

TERCERO:

Como digo, hasta la tarde noche antes, no tienes ni idea de dónde te puede tocar de entre todas las plazas que han salido convocadas, ni de la asignatura que tendrás que impartir (en caso de que tu especialidad tenga varias atribuidas), ni nada de nada de nada. Incertidumbre en grado máximo. Tortura psicológica elevada a la enésima potencia. 

CUARTO: 

Suponiendo que puedas llegar sin problemas al centro en cuestión a primera hora del día siguiente (ya dan por hecho que tienes coche, que conduces, que no te importa levantarte a las 5 de la mañana para poder llegar a tiempo, que el transporte público está sobrevalorado...), ese primer día no te vas a limitar a saludar al equipo docente y saber qué grupo se te asigna, no, sino que te van a decir "te toca este grupo" y van a abrir la puerta, darte un amable empujoncito y cerrar después. Y te vas a ver ahí, sin ningún tipo de preparación previa, teniendo que dar clase durante una hora a un montón de adolescentes que no son, precisamente, un público fácil. 

Pues bien, con todas estas consideraciones en la cabeza, a mí me ocurrió que me llegó el turno después de haber perdido por los pelos una plaza en mi localidad (en el llamamiento anterior), y me dieron a elegir entre dos opciones en la quinta puñeta, para una semana de duración. Y claro, con qué cara dejo yo mi trabajo, que aunque no sea el trabajo soñado, es el que me da de comer, para vivir de cabeza durante una semana, gastando en gasolina y ganando en estrés, para, después de ello, quedarme en la calle sin una cosa y sin la otra. ¿Es eso razonable? Yo creo que no. Así que no participé, con la esperanza de que no me llegara el turno; pero me llegó. Y ahora me han sacado de la lista. 

Afortunadamente hay una serie de causas que justifican el no haber participado, como son estar trabajando para otra empresa, pero ahora estoy sumida en un proceso burocrático que me está sacando de quicio, y que ya veremos cuándo lo resuelven. Seguro que, mientras, saldrán oportunidades que sí me habrían compensado, pero ya no podré aprovechar. 

En fin, todo esto no tiene ni pies ni cabeza. 

Para colmo, y como también se me ocurrió suscribirme a una web informativa de bolsas de trabajo en el sector educativo, me llegan emails casi a diario informándome de plazas convocadas en distintas comunidades, y para varias especialidades. El que me ha llegado hoy, traía además publicidad insertada, con la poca fortuna de haber elegido un anuncio de una empresa que te arregla las rayaduras del coche... ¿causadas por un alumno semisalvaje? Muy poco acertado, ya digo. 

Y yo me pregunto: ¿De verdad quiero yo esto? ¿De verdad me merece la pena tanto desgaste psicológico, semana tras semana por lo que me he empeñado en pensar que es un paso adelante en mi carrera profesional? No lo tengo nada claro, en serio. 

Sirva esta entrada como queja hacia un sistema que, creo, abusa de la improvisación, y que pone a los aspirantes a profesores en una difícil situación a la hora de dar clase. Luego se quejan de que los profesores no están preparados, de que no son capaces de motivar a los alumnos, de si tal y que si cual. Me gustaría a mí saber en qué trabajos se sufre tanto estrés antes incluso de empezar a desempeñarlo. Cuando ya estás dando clase, todos sabemos que la docencia en secundaria no está exenta tampoco de emociones fuertes. 

Y me joroba, porque creo que, en circunstancias más favorables, yo no sería una mala profesora, en serio. Pero bueno, a lo mejor es que el destino me está diciendo que vaya ya descartando opciones y me centre en otras que de verdad me puedan hacer feliz. 

Voy a ver qué me dice el horóscopo de hoy, a ver si me consuelo con algo...


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