Lidiar con la incertidumbre



Amigo/a mío/a, nos encontramos en tiempos difíciles para las mentes dispersas como tú y como yo. De todos los escenarios posibles en los que un disperso de la vida podía moverse en arenas movedizas, éste es el peor de todos los que podíamos haber imaginado.

No sé cuál es tu situación, pero la mía es similar a la de gran parte de los españoles: La empresa para la que trabajo ha tenido que cerrar temporalmente como medida cautelar ante la situación de crisis sanitaria, los empleados estamos en situación de ERTE y, el cobro de la prestación, ni está, ni se le espera. Bueno, sí se le espera, vaya, pero no sabemos si habrá que rezar para mejorar las opciones de cobrar o basta con quedarse en casa tratando de mantener la mente ocupada.

Además, con esta imprecisión en las medidas de desconfinamiento, muchos no tenemos muy claro lo que va a pasar con nuestra situación laboral.

Y claro, qué mejor momento que éste para mortificarse con el eterno dilema: "¿Yo no debería estar haciendo otra cosa?"

Ante la dificultad de definir con exactitud el cúmulo de sensaciones que nos invade a las mentes dispersas estos días, he bautizado este síndrome con el nombre del "pollo sin cabeza".

Así estamos tú y yo. Un día pensando en meternos de lleno en esas dichosas oposiciones que han sido aplazadas sine die, otro día lanzándonos de cabeza a la escritura frenética de nuestro interminable best-seller, al día siguiente tratando de aprovechar este confinamiento para estudiar un idioma poco conocido, con el objetivo de mejorar nuestra posición ante la competencia...

Una absoluta locura, ya sabes de qué hablo.

Yo he pasado, además, por todas las fases anímicas imaginables. Un día me como el mundo y otro me quedo en estado catatónico, completamente bloqueada ante la dificultad de tomar una decisión satisfactoria. Pero, poco a poco, empiezo a ver la luz, y quiero compartir contigo mis estrategias para salir de ese estado de bloqueo por dispersión:


1. Asume que no hay forma humana de saber cuál es la mejor decisión.

Lo sé, este punto es un jarro de agua fría, pero es que la vida es así, y cuanto antes nos hagamos a la idea, mejor. 

No podemos saber qué pasará en el futuro. Nunca podremos comparar las consecuencias del camino elegido con las hipotéticas consecuencias de una opción que no hemos elegido. Sencillamente, no se puede, así que vas a tener que arriesgar y apostar a una carta.


2. Como dice mi madre, "en tiempo de tribulación, no hacer mudanza".

O lo que es lo mismo: No es momento de dar volantazos. Eso no significa que no podamos empezar una nueva aventura profesional y ponernos a trabajar en un cambio de rumbo para el futuro, pero hay que tener claro que en este escenario no pisamos un terreno firme, y no tenemos ni la más remota idea de cuál es el panorama que nos vamos a encontrar, así que no te lances a lo loco. Hasta Tarzán, que fue criado por monos, sabía que no había que soltar una liana hasta agarrar otra. 

Quizá quieres dejar tu trabajo, pero seguro que puedes esperar un poquito más antes de saltar a otra cosa. Tantea el terreno, observa y medita las decisiones. Pero eso sí, actúa. No te vuelvas a dejar caer en el inmovilismo. Una cosa es ser prudente, y otra, dejar que el miedo guíe tus pasos (que, con esta filosofía, suelen ser muy limitados).


3. Busca una forma de aprovechar este tiempo, que aúne cierta continuidad entre tu situación previa a esta crisis y el futuro que quieres alcanzar.

Esto es muy abstracto, lo sé. Voy a ver si consigo explicarlo.

Si tu trabajo habitual, que ahora se encuentra en suspenso e incertidumbre (pero que aún conservas, en teoría), era, por poner un ejemplo, de preparador físico en un gimnasio, y no tienes muy claro si vas a poder volver a ello en un futuro cercano (motivo por el cual te estabas planteando montar algún negocio por tu cuenta), empieza a prepararte en habilidades relacionadas con el mantenimiento de un negocio propio, sea el que sea. 

Por ejemplo, investiga qué tipo de negocio relacionado con lo que sabes hacer puedes montar por internet; aprovecha para aprender sobre páginas web y blogs; lee libros de emprendimiento; refuerza tu inglés, si es que quieres dirigirte a un público extranjero; elabora el guion para realizar un vídeo-curso que luego puedas vender por internet; en relación con ello, aprende a editar vídeo; investiga sobre nuevos entrenamientos que luego puedas poner en práctica trabajando por tu cuenta, etc.

Nada de esto te apartará demasiado de lo que ya sabes hacer, y te resultará muy útil tanto si te ves obligado a cambiar de rumbo más adelante, como si lo haces por voluntad propia, o si vuelves a tu trabajo anterior. En cualquier caso, habrás aprovechado el tiempo, habrás mejorado como profesional, y habrás aprendido nuevas habilidades que multiplican tus opciones de futuro y tu valor.

Y sobre todo, habrás tenido la mente ocupada, cosa muy necesaria para no volverte loco estos días.

Un cambio de rumbo radical, sería, por ejemplo, empezar a estudiar otra carrera o un máster a distancia que no tenga absolutamente nada que ver con lo que estabas haciendo, y tampoco tengas muy claro que te vaya a servir en lo que quieres hacer. Además, créeme, ese tipo de bandazos tienen corto recorrido. En cuanto pasen un par de meses te empezarás a poner nervioso con la decisión que has tomado y no podrás concentrarte. Y claro, acabarás abandonando, absolutamente frustrado.

Aunque no todos somos iguales, y quizá tú lo tienes muy claro y sólo necesitabas esta oportunidad. Pero si eres una mente dispersa "al uso", hazme caso: no es buena idea. 


4. De todas las opciones posibles para mejorar tus habilidades, elige las que te faciliten un plan B, y un plan C, y todos los que haga falta. Cuantos más, mejor. 

Porque no sabes lo que va a pasar. 

Acuérdate de la crisis de 2008. Muchos de los negocios que siempre habíamos creído infalibles, cayeron en picado. Cambiaron totalmente las reglas del juego, y nadie lo vio venir. Por eso es mejor que no te obceques creyendo que algo va a funcionar porque lo ha hecho hasta ahora. No tenemos ni idea de qué funcionará y qué no, así que la mejor decisión será la que menos puertas te cierre. 

Aquí hago una aclaración: No vayas a caer en el error de querer abarcar tantas posibilidades que, al final, no sepas ni lo que estás haciendo. Para que me entiendas, no quieras mezclar el entrenamiento personal con la inversión en bolsa, sólo porque hiciste un curso de esto y no lo quieres desaprovechar. Y no añadas el aprendizaje de japonés a la ecuación, porque las probabilidades de que encuentres un público objetivo que quiera ponerse en forma mientras invierte el dinero de su cuota de gimnasio en la bolsa de Tokio, son muy, muy limitadas e improbables. 

Busca opciones que tengan alternativas razonables. 

Esto te lo digo porque yo caigo mucho en ese error. Como me he pasado la vida estudiando cosas y haciendo mil cursos, cuando pienso en un futuro negocio me complico buscando algo que lo reúna todo, y al final no avanzo en nada. Pero es que, además, no tiene sentido. 

Sé que es difícil centrarse, pero hay que hacerlo. Por ejemplo, estudiar inglés siempre es buena idea. Y puedes estudiar inglés especializado, también. Si tu negocio va a tratar sobre entrenamiento físico, no está de más enfocarte en esa materia. Pero sin perder de vista que estás aprendiendo inglés, y que te tiene que servir también si acabas eligiendo otro camino. 

Otro ejemplo de conocimiento polivalente sería estudiar una materia para hacer un examen y conseguir una titulación, que, en caso de no aprobar, te sirviera para diseñar un curso y lanzarlo por internet, y en última instancia, para mejorar tus habilidades y aplicar ese conocimiento en el trabajo de siempre. Así matas tres pájaros de un tiro, y tranquilizas tu mente con el pensamiento de que lo que estás haciendo te abre tres puertas. Eso ayuda a olvidarse del martilleo del "yo debería estar haciendo otra cosa". 


5. Cuídate. 

Como última estrategia (de momento), te digo algo que es de cajón. Si encima de que te sientes más perdido que nunca, te abandonas, tu autoestima va a caer en picado, y eso va a prolongar el bloqueo mucho más de lo razonable. 

Mantente en forma, dúchate todos los días, vístete como una persona normal, come de manera saludable, haz ejercicio. No te obsesiones, pero mantén un estilo de vida sano, porque eso te ayudará a alcanzar tus objetivos y a no perder la cabeza. 

Y sobre todo, conserva el optimismo. El otro día oí una frase muy obvia, pero que me gustó y me ayudó en estos días: No pierdas de vista que la vida es una aventura. Disfrútala. 

Venga lo que venga, ya saldrás adelante. Arriesga, aprovecha esta coyuntura para perseguir esa meta que siempre has tenido rondando tu pensamiento. Lánzate de una vez, ¡juega! 

Estos días son muy buenos para la introspección; para analizar dónde estamos y adónde queremos llegar, y para corregir la trayectoria, en su caso. Aprovéchalos, porque hay muchas más cosas que puedes hacer, aparte de pan y yoga. 

¡Y ánimo! Podemos con esto, ya verás. ;)



















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