Ve a por ello, pero en serio



Hoy me he dado cuenta de cuál es el obstáculo psicológico más fuerte con el que nos encontramos cuando se trata de perseguir otro camino. Cuando fantaseamos con la idea de cambiar de vida, para dedicarnos a algo que nos gusta de verdad, no lo imaginamos como un trabajo, he ahí el quid de la cuestión.

Estamos comparando nuestra realidad de un trabajo de lunes a viernes, con una idea romántica que roza el sueño de vivir sin trabajar. Y ahí está la trampa. Por eso no nos lo tomamos en serio. Pero es que, planteándolo así, ¿quién lo haría?

Por poner un ejemplo: Supongamos que un veterinario adora ver películas de abogados, leer libros de esa temática y visitar un foro jurídico y dejar comentarios en él de vez en cuando. Obviamente, si la cosa no pasa de ahí, sería un disparate por su parte plantearse dejar su trabajo de veterinario y tratar de vivir del Derecho. Cualquiera vería claro que ése no es el camino. Debe formarse, centrarse, tomárselo como lo que es, un trabajo, y dedicarse a ello en cuerpo y alma.

Y sin ser tan rebuscados: la de abogado es una profesión liberal. Si uno, después de estudiar la carrera, no se ve con ganas para realizar una intensa labor de marketing, reciclarse continuamente, buscar clientes, ser persuasivo y disciplinado, y sacar trabajo adelante lidiando con la presión, que se olvide de ganarse la vida con ello.

Entre la realidad de una profesión y la imagen hollywoodiense que tenemos de ella, hay un trecho, y entre la realidad de nuestra ocupación actual, y el sueño dorado de la profesión que anhelamos, hay un trecho mucho mayor. Sencillamente, no son ideas comparables.

Por ese motivo, no nos atrevemos a dar el paso del cambio: porque en nuestro fuero interno, sabemos que si no trabajamos en serio, no podremos vivir de ello, sea lo que sea. Por eso buscamos excusas y tratamos de sabotear nuestros sueños, convenciéndonos de que es imposible ganarse la vida con algo que nos gusta. Así no lo tenemos que intentar, y podemos dedicarnos el resto de nuestra vida a lamentarnos de nuestra suerte y a cacarear nuestra frustración.

El refranero español está lleno de sabiduría popular, y si le hiciéramos caso, nos ahorraríamos muchas horas de sufrimiento psicológico: "El que la sigue, la consigue", "Hace más el que quiere que el que puede", "A Dios rogando, y con el mazo dando"...

A propósito de todo esto, me vienen a la cabeza los habituales comentarios que se ven en internet sobre el trabajo de Youtuber, tan de moda hoy día. Cosas como "¿Qué sabrán éstos lo que es trabajar?", "Eso, ni es trabajo ni es nada", y otros comentarios por el estilo. Confieso que yo misma tenía esa opinión, hasta que se me ocurrió investigar cómo se graban y editan vídeos, por si más adelante le encuentro alguna aplicación práctica a ese conocimiento. Pues bien, no es fácil. Hay que aprender cómo funcionan los programas de edición, saber qué cámara es la más adecuada, entender de iluminación y sonido, hablar mirando a cámara y de una forma natural, como si hubiera alguien escuchándote... Hablar sin trabarte demasiado y preparar un contenido que resulte interesante y pueda enganchar al que te ve. En fin, así, a lo tonto, son horas de grabación, pruebas, edición, corrección, repetición, y otro montón de cosas tediosas acabadas en -ción. Pero es más fácil criticar lo que hacen otros, que lanzarse a hacerlo uno mismo. Si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta de que, hasta para ser Youtuber, hay que currárselo.

Otra cuestión es que el contenido del canal de algunos youtubers sea muy discutible, pero ése ya es otro tema.

Que algo parezca fácil, no significa que lo sea. Fred Astaire era un prodigio bailando claqué. Parecía que flotaba, y se movía con una agilidad y una ligereza que te hacían pensar que bailar era sencillo. Pero bastan cinco minutos de ensayos en el salón de casa, tratando de copiar uno de sus movimientos, para darnos cuenta de que es un esfuerzo tremendo y un arte que no está al alcance de cualquiera.

Todos sabemos lo mucho que entrenan los deportistas profesionales. A nadie se le ocurre pensar que una pirueta de patinaje se aprende en dos tardes. Ni que nosotros mismos lo podamos hacer, sólo porque hayamos ido a patinar un par de días al año. Cualquiera que se plantee dedicarse al patinaje de forma profesional, sabe que detrás de ese momento de lucimiento, hay horas y horas de esfuerzo.

Pero en otras profesiones, esto no es tan evidente, y tenemos la errónea percepción de que, con dedicarle un ratillo al día, podríamos ganarnos la vida en ese campo. Y claro, con esa idea en la cabeza, te dices que no puede ser, que tiene que haber trampa. Que tiene que resultar extremadamente difícil poder vivir de eso, porque cualquiera podría hacerlo, y que así no hay forma de destacar entre la competencia. Como resultado, nunca damos el paso.

Pues no hay trampa. Lo que hay es trabajo. 

Mucho esfuerzo y constancia.

Todo el mundo es capaz de talar un árbol, pero el que pega dos hachazos al año y se tumba a tomar el sol, seguramente abandonará antes de lograrlo.

En resumidas cuentas, debes tener claro que sea lo que sea eso a lo que te quieres dedicar, se va a convertir en un trabajo. 

Si quieres vivir de ello, debes olvidar la idea de que puedes seguir tomándotelo como un hobby. Hace falta planificación, formación constante, entrenamiento, motivación, y mucha, mucha constancia. No hay atajos.

J.K. Rowling dio el campanazo con su primera novela, "Harry Potter", pero antes de que le llegara el éxito, tuvo que trabajar duro y lidiar con los continuos rechazos de las editoriales. Pero no desfalleció, y la recompensa a su esfuerzo acabó llegando.

Pero eso ya lo decía el refranero español: El que la sigue, la consigue. ;)





Comentarios

Entradas populares