El Universo me está diciendo algo



Sí, lo noto, lo presiento. Últimamente tengo la sensación de que lo único que le queda por hacer es agarrarme de los hombros y sacudirme, mientras me dice "¡espabila, diablos!" (Esto de "diablos" es una de las secuelas que me han quedado de leer comics en mi niñez).

¿En qué me baso para afirmar tal cosa? Pues en que, en estos últimos días o semanas, no paran de sucederse acontecimientos a mi alrededor que me hacen cuestionarme sin parar todos mis supuestos planes de futuro. Y digo "supuestos" porque tengo muy claro que una cosa son mis planes verdaderos, y otra las metas socialmente aceptables que me he propuesto perseguir, movida, como siempre, por otras razones que nada tienen que ver con mis deseos más sinceros.

Pero aquí estamos, planificando el futuro como si fuera a vivir cien años y pudiera permitirme compartimentar las distintas fases de mi existencia: De tal a tal año, tendré un trabajo más estable que me permitirá disponer de seguridad laboral y de más tiempo para dedicarlo a mis aficiones reales, y de tal a tal año, me dedicaré a esas aficiones. Luego montaré un negocio y abandonaré esa estabilidad para entregarme en cuerpo y alma a mi gran proyecto vital. Y, cuando me retire, me lanzaré a ver mundo sin interrupción, con una mochila a la espalda.

Y en medio de todos estos ejercicios de planificación, me entero de varias tragedias que están sacudiendo las vidas de mis amigos y conocidos: una muerte repentina en una mujer joven y fuerte, a la edad de cuarenta y pico años; un cáncer en fase terminal en el caso de otro conocido; otro cáncer no tan avanzado, gracias a Dios, en el caso de un primo lejano; y algunas otras desgracias familiares en personas queridas de mi entorno. Estoy saturada de malas noticias, y no paro de pensar: ¿Y la vida es esto? 

En serio, ¿la vida es esto? ¿Nacer, crecer, luchar, estudiar, estudiar y estudiar, y de pronto, morirte sin tener tiempo de disfrutar lo logrado? Todo por perseguir esa falacia de la estabilidad laboral, que no digo que sea algo malo para todo el mundo, pero es que, en mi caso, no consigo convencerme de que sea precisamente lo que quiero.

La estabilidad no lo es todo. Mejor dicho, la estabilidad es muy poco. Vivir luchando sólo por conseguir una estabilidad, dejando pasar por el camino oportunidades de vivir con intensidad y de atesorar experiencias, o de perseguir una meta que nos haga realmente felices (aunque suene infantil), no merece la pena. De verdad estoy convencida de que no merece la pena.

Para colmo, aparte de esa serie de "catastróficas desdichas" que me sigue de cerca (toco madera), están otras señales que me voy encontrando a diario: una experiencia desagradable relacionada con el trabajo que se supone que tendría que desempeñar en el futuro (y que me hace replantearme si estoy hecha de la pasta que hace falta para soportarlo día a día); una frase leída al azar, que me sacude de pies a cabeza; una experiencia vital de alguien que ha decidido hacer lo que yo quiero y para lo que a mí me falta valor; una conversación con una amiga que está teniendo exactamente las mismas sensaciones que tengo yo; un amigo que se lanza a navegar durante semanas y me manda un mensaje para ponerme los dientes largos... Y la puntilla, el horóscopo, que lo leo sólo por entretenimiento, porque soy una mente dispersa y cualquier excusa es buena para dejar volar la imaginación (porque yo sólo veo documentales de La 2, ejem...). El horóscopo de hoy me ha soltado lo siguiente: "Sea feliz con sus metas y sus proyectos. Si no lo logra, ¡cámbielos ahora mismo!", y se ha quedado tan ancho. Estoy segura de que eso se lo ha dicho también al menos a cuatro signos más, pero aun así, cuando te estás cuestionando tus metas día sí, día también, te da material para cavilar.

El día menos pensado, doy el salto, y espero que no sea demasiado tarde.



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