Defínete de una vez



Los niños pequeños quieren ser bomberos, astronautas, maestros, jugadores de fútbol, cazadores de tiburones (como mi sobrino)...

Bueno, corrijo: Los niños pequeños NORMALES.

Luego están los niños extraños, ésos que se han comido a un viejo y de pronto han decidido que quieren ser notarios o analistas financieros. Y que discuten sobre economía con los adultos a la hora del café, mientras se toman un poleo menta.

Pero volvamos a los niños normales, porque la mayoría de nosotros somos seres humanos de lo más corriente...

Pues bien, los niños normales imaginan su futuro ideal con total libertad. Dejan volar su imaginación sin cortapisas y no pretenden contentar a nadie con sus decisiones. Y esta capacidad de pasar de todo y de no dejarnos influir por el entorno, es una habilidad que perdemos con la madurez.

Yo, cuando era pequeña, quería ser capitán de la Caballería Rusticana. Así, con todas sus letras. No sé de dónde me saqué aquella idea peregrina, pero ésa, y no otra, era mi profesión ideal. Más adelante, fantaseé con la ilusión de tener una granja, unas botas vaqueras, un perrazo enorme y un coche ranchera para poder llevar a mi perro conmigo a todas partes. De todo ello, solo he conseguido tener las botas vaqueras (que, por cierto, este año están de moda), y me conformo con que mi coche tenga cierto aire "trotero", porque tampoco me da la economía para comprarme un todoterreno (y total, tampoco es que esté surcando a diario las dunas del desierto).

Cuando me volví un ser medianamente sensato, pasé por la fase de querer ser concertista de piano, y posteriormente, querer estudiar arte dramático.

Y más recientemente, empecé a fantasear con ser escritora. 

¿Pero qué he hecho mientras tanto? He estudiado la carrera de Derecho y cursos de especialización relacionados, y he trabajado como asesora legal, y también como administrativa en distintas empresas.

Parece que aquí algo chirría, ¿verdad? Yo diría que hay un problema. 

El problema es que me paso la vida buscando un foco que nada tiene que ver con mis intereses personales. Sí, vale, soy licenciada en Derecho, ¿y qué? ¿Significa eso que tengo que sentirme cómoda en un despacho de gente trajeada supercompetitiva que vive permanentemente estresada? Pues claro, ¿no? Porque eso es lo que la mayoría de la gente cree que debería hacer con mi vida.

Y ahí está el quid de la cuestión.

La mayoría de la gente cree que debería hacer eso (suponiendo que se tomen la molestia de pensar en mis asuntos), pero a mí no me termina de cuadrar. Esa versión de mí misma no soy yo. Yo quiero algo diferente en la vida, soy feliz haciendo otras cosas.

¿PERO CUÁLES?

Si estamos perdidos ante todos los caminos que la vida nos ofrece, y elegir una sola opción se convierte en un suplicio, el paso previo es saber lo que buscamos en este mundo, y eso solo lo sabremos si tenemos claro quiénes y cómo somos. Por tanto, antes de meternos a buscar opciones, salidas profesionales, oportunidades, etc., tenemos que DEFINIRNOS. Parece una perogrullada, pero es algo que a menudo pasamos por alto.

Es curioso lo fácil que nos resulta opinar sobre los demás. Tenemos muy claro cuándo alguien encaja en un puesto o empresa determinada o estilo de vida, y cuándo no. ¿Por qué? Porque no estamos dentro de su cabeza y no nos dejamos influenciar por la molesta vocecilla del orgullo mal entendido, que nos confunde y atormenta creando dudas a todas horas. Cuando se trata de los demás, solo vemos lo evidente. Conocemos sus personalidades y sus intereses, y detectamos fácilmente cuándo algo no les va a hacer felices. Porque además, cuando tratamos con otros, nos importa un bledo si el resto de la humanidad piensa que un trabajo no está a su altura, o que debería estar haciendo otra cosa.

Entonces está claro que tenemos que aprender a tratarnos con la misma objetividad con la que tratamos a los demás. ¿Cómo podemos hacer esto?

ANALIZANDO NUESTRAS ACCIONES PASADAS

A veces pensamos que nos gustan cierto tipo de cosas y que nos atraen determinados objetivos, pero cuando echamos la vista atrás, vemos que jamás hemos dedicado voluntariamente ni un solo minuto de nuestro tiempo a explorar ese campo. En ese caso, nos estamos engañando, y ese objetivo debería quedar automáticamente descartado.

Si no hay una razón de peso que te haya impedido dedicarte a esa actividad que crees tan atrayente, y aun así, no te has acercado a ella lo más mínimo en el pasado, es que en realidad no te atrae. No le des más vueltas. En cambio, al analizar tu pasado, es posible que descubras cosas sobre ti que te habían pasado desapercibidas, aficiones que habías dejado aparcadas, actividades que te hacen feliz y de cuyo efecto no eras consciente. 

RELATIVIZANDO

Tendemos a imaginar una vida muy larga, y a dar importancia a cosas como el prestigio, el reconocimiento social, el sueldo, la supuesta estabilidad laboral... Pero si nos paráramos a pensar que nuestra vida puede ser muy corta, la mayoría de esos pretendidos valores vitales pasarían a un segundo plano, y sólo nos preocuparía no poder dedicar tiempo a las cosas que realmente nos interesan. Piénsalo, y trata de averiguar qué profesión te gustaría ejercer si sólo te quedaran cinco años de vida. Por supuesto, hay que comer y pagar facturas, así que haz un esfuerzo por ser realista.

DEJA DESCANSAR A LA MENTE Y FÍJATE EN LOS HECHOS 

Esto está en la línea del ejercicio de analizar tu pasado. Pero para entendernos: si tu ocupación favorita un fin de semana es quedarte en casa trasteando con el ordenador y probando algún programilla informático, es muy improbable que tu futuro ideal sea enrolarte en un barco de Greenpeace, por mucho que tu mente te esté intentando camelar con ese pensamiento. Y si, con lo que más disfrutas es con encontrar un rincón tranquilo para pasar las horas muertas leyendo una novela tras otra, no te empeñes en hacerte relaciones públicas en un local de moda, porque te estás equivocando.

En resumidas cuentas, no le busques tres pies al gato. No intentes combinar mil cosas diferentes sólo para aplacar la molesta voz de tu orgullo a la vez que tratas de aprovechar tus estudios, darle el gusto a la humanidad y perseguir tus ideales, todo en uno.

Así nunca encontrarás la paz. 

Primero tómate tu tiempo para conocerte, y cuando tengas claro qué tipo de persona eres, tira por ese camino.

Y no te agobies, porque tus estudios y tu preparación nunca te van a estorbar. Lo que van a hacer va a ser enriquecerte como persona, hacerte un profesional más completo en cualquier campo y marcar la diferencia con la competencia. Todas esas cosas te distinguen del resto y te hacen especial. No son un lastre, son una ventaja comparativa. Te hacen más polivalente, y como consecuencia, más autosuficiente.

¡Que no te impidan avanzar!

Si lo que te pide el cuerpo es explorar otros campos, no te pongas límites absurdos. Todos somos diferentes, y lo que es bueno para otro, no tiene por qué encajar para ti.

La vida son dos días, así que busca un camino que te llene y que la convierta en un viaje apasionante, que es lo que debería ser.     :)

Y como dicen los peregrinos, "¡buen camino!"      ;)












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