El horario perfecto.



Llevo ya unos días queriendo barnizar la puerta de mi casa. Bueno, "queriendo" es un eufemismo. No tenía ni pizca de ganas, ésa es la verdad, pero sabía que tenía que hacerlo. Sobre todo, sufría por ella cada vez que pasaba por debajo de mi balcón alguna manada de adolescentes destrozones, de esos que disfrutan pegándole patadas a todo lo que se les pone por delante. Pensar en mi pobre puerta, ahí, tan indefensa, tan desnuda... Tan expuesta a la maldad ajena... era algo que me ponía nerviosa.

Luego llegaron las lluvias torrenciales, y lo tuve que posponer. Aquí, cuando llueve, es como el Monzón en la India. Llueve un "monzón", pero un "monzonazo", en serio. No exagero, que este año se nos ha inundado toda la región.

El caso es que, con semejante temporal, no tenía sentido ponerse a pintar la puerta. Pero esta tarde ya no tenía excusas, así que, sin pensarlo dos veces, he cogido la brocha y el barniz, y me he puesto a ello. Y cuando llevaba un rato ahí concentrada en la tarea, tratando de memorizar los tramos por los que ya había pasado, repartiendo bien el barniz, y sin pensar en nada más, me he dado cuenta de lo mucho que estaba disfrutando.

¿Y qué creéis que ha pasado, entonces? EFECTIVAMENTE: Me he dicho a mí misma que estaría genial dedicarse a algo así. Que restaurar muebles, por poner un ejemplo, tiene que ser un trabajo precioso. Y que a lo mejor yo podría sacar un poco de tiempo a la semana para empezar a cultivar esa afición...



Perdonadme, pero esto no es normal. No lo es. No es posible que sea incapaz de atarme los cordones de los zapatos, sin imaginarme a mí misma como futura diseñadora de cordones.

SOCORRO.



La gente como yo debería llevar una pulserita de identificación, o una chapa bien visible donde dijera: "Precaución: mantener alejada de nuevas actividades". Por nuestro bien, más que nada.

En fin, supongo que esto de tener un exceso de entusiasmo por el aprendizaje y por la vida en general, no es necesariamente malo, pero hay que aprender a dosificarlo, y en eso estoy.

De momento, para manejarme con las cuatro o cinco actividades que quiero desarrollar este año (no he podido reducir más el número), hace tiempo que creo tener la solución:

EL HORARIO PERFECTO

Esta revelación habría impactado más si no le hubiera puesto ese mismo título a la entrada, pero bueno, da igual.

El caso es que el horario perfecto es una forma de distribuir el tiempo de manera que tengas la certeza de que, siguiendo el planning ahí establecido, llegarás al objetivo propuesto en un plazo cierto y conocido. 

Se trata de aplicar a la gestión del tiempo, el mismo sistema que emplean los nutricionistas, o los preparadores físicos, por poner dos ejemplos. Cuando uno quiere ponerse en forma y va al gimnasio a pedir consejo, una persona experta en el tema, le dice todo lo que tiene que hacer cada día para conseguir el cuerpo que desea en un año. Y lo mismo cuando queremos adelgazar: un/a nutricionista te dice que, si te alimentas exactamente de esa manera y en las cantidades que te está indicando, conseguirás perder ese peso que te sobra. Y la gente se lo cree. Nadie duda de que, si sigue el plan a pies juntillas, conseguirá llegar a la meta.

Pues yo necesito eso mismo: Si quiero aprender "equis" cosas en este curso, adquirir determinadas destrezas, y, por ejemplo, montar una actividad por mi cuenta antes del verano que viene, tengo que:

- Visualizar el objetivo.

- Cuantificarlo, fijar una forma de medirlo.

- Establecer un margen temporal, al final del cual, debo haberlo conseguido.

- Dividir ese periodo de tiempo en unidades más pequeñas: mensuales, semanales, diarias.

- Fijar metas a corto plazo que me ayuden a lograr la meta a largo plazo.

- Combinar la planificación de toda esa programación, de modo que sepa cuánto debo avanzar en cada una de esas actividades cada día y semana.

Y ahora viene lo más importante...

CUMPLIRLO. 



Pero estoy segura de que, lograr el horario perfecto, ya es un paso importante en la consecución de mis metas. Sobre todo porque, al haber planificado las actividades a largo plazo, lo único que queda cada día, es concentrarse en el momento presente y hacer lo que está programado. Y eso te permite liberar la mente de la duda perpetua: "No, esta vez no se supone que deberías estar haciendo otra cosa." Y todos sabemos ya, a estas alturas, que la paz mental es un elemento fundamental para poder avanzar.

Así que, ¡manos a la obra!


Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¿Pero al final terminaste de pintar la puerta o te fuiste directamente a internet a pedir un curso de CCC para ser pintor profesional en 3 meses? —que nos has dejado con la intriga 😅.

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    1. ¡La terminé, la terminé! Lo que estoy buscando por CCC es lo de la restauración de muebles. :D ¡Se me ha abierto un mundo de posibilidades! (Gracias por tu comentario. ;)

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