Método Marie Kondo aplicado a la vida



La gente ha perdido la cabeza con esta mujer. Tengo un hermano que no para de hablar de ella, y muchos son los que la han elegido como gurú para poner orden en sus pertenencias y, como consecuencia, en sus vidas.

Honestamente, después de haber visto un capítulo de su famosa y tan comentada serie en Netflix, debo decir que estoy estupefacta.

Respeto que mucha gente se sienta inspirada por ella y que gracias a esta mujer hayan decidido ponerse manos a la obra. No pongo en duda que haya podido ayudar a muchos a organizar su mente a través del orden en sus hogares. Pero sinceramente, a mi modo de ver, no dice nada nuevo. Quien más, quien menos, hace tiempo que conoce el sistema de poner toda la casa patas arriba y dividirlo todo en los famosos tres montones: uno para conservar, otro para reparar y otro para tirar/donar. La única novedad que he visto en su programa, es que recomienda despedirse cariñosamente de los calcetines que ya no usamos, que habla de las pertenencias como si fueran seres vivos, y que cree en la existencia de un punto concreto de la casa desde el que podemos arrodillarnos y comunicarnos con ella. En fin, todo muy zen, pero a mí no me llega. Aunque le reconozco el mérito de haber sabido sacar tanto provecho de algo tan trillado, hasta el punto de haber conseguido hacer de ello una profesión. 

Eso sí, el sistema de doblado y almacenamiento de ropa, sí me vale. De hecho hace un tiempo que lo adopté para organizar mis cosas, y la verdad es que estoy encantada. Lo tengo todo a la vista y no me olvido de lo que poseo. También he conseguido que mis perchas se puedan mover. Hoy por hoy, creo que he logrado un equilibrio muy razonable. Aunque me niego a desprenderme de todas las cosas que no me hagan saltar de felicidad cuando las tomo en mis manos, porque no voy a regalar mis calcetines de deporte sólo porque no me arranquen una sonrisa cuando los doblo.

El caso es que creo que le puedo sacar partido al método siempre y cuando lo aplique a otras parcelas de mi mundo. No lo veo factible para organizar mis cosas, pero sí me parece una forma muy interesante de organizar mi vida. 

Me explico: 

El método de Marie Kondo empieza por recomendar que agradezcamos a nuestra casa todas las bondades que nos brinda. Acto seguido, nos insta a poner todas las cosas "sobre el tapete" para que seamos conscientes de todo lo que tenemos, y cuando lo tenemos todo a la vista, el siguiente paso es ir analizando cada una de nuestras pertenencias para percibir qué nos hace felices y qué no, de modo que tengamos una idea más clara de qué debemos conservar y de qué cosas debemos desprendernos.

Cuando hemos conseguido quedarnos sólo con lo que realmente merece la pena, tenemos que aprender a apreciarlo, a cuidarlo y a conservarlo en óptimas condiciones. Y por supuesto, movernos siempre bajo los principios del orden y la organización. Una vida más organizada y despejada, nos ayudará a disfrutar más las cosas que tenemos, y a no perdernos en una maraña de objetos cuya existencia no nos deja pensar, y mucho menos, avanzar.

Pues bien, apliquemos estas pautas a la vida real. 

En primer lugar, se me ocurre que este sistema de organización tiene mucho que aportar a nuestras pobres mentes dispersas. Yo no tengo la casa repleta de cosas (al menos no como he visto que la tienen los que recurren a los servicios de esta mujer. Que ya les vale: si saben que va a ir "la tele" a grabar a su casa, podían hacerse la cama por lo menos, ¿no?), pero sí tengo la cabeza llena de pensamientos confusos y contradictorios. Y son tantos los proyectos, ideas y preocupaciones que revolotean entre mis neuronas, que me siento abrumada la mayor parte del tiempo y no consigo avanzar.

Por eso, siguiendo el famoso método, deberíamos armarnos de papel y boli (o del PC, si queremos empezar a ser ordenaditos desde el principio) y empezar escribiendo tooooodo lo que ocupa nuestro tiempo:

- Todas las actividades que realizamos.
- Todos los hobbies a los que dedicamos algo de tiempo (no los que tenemos proyectados, sino los que realmente llevamos a cabo).
- Todos los asuntos que requieran de nosotros algún tipo de compromiso: reuniones de grupos a las que debemos asistir, obligaciones que nos hemos echado sobre las espaldas, compromisos con amigos y familiares, etc).
- Una descripción de nuestra actividad laboral, desglosada en conjuntos de tareas con algún elemento en común: diseño gráfico, llevanza de documentación, atención al público, resolución de problemas, mantenimiento de bases de datos, contabilidad, tareas administrativas en general, trabajos de redacción...En fin, que cada cual lo aplique a las características de su trabajo.
- Todas las actividades que realizamos en nuestro tiempo libre.
- Los estudios que tenemos entre manos.
- Los títulos o cursos realizados con anterioridad y que estamos usando en nuestro trabajo o en nuestra vida.
- Nuestras relaciones (sentimentales, familiares, amistosas).
- Cómo es el sitio en el que vivimos: desde la vivienda hasta la ciudad, pasando por la zona concreta en la que nos hemos establecido. Y si vivimos en un entorno rural o urbano, y en una ciudad grande o pequeña.
- Los proyectos que tenemos en danza y a los que estamos dedicando parte de nuestros esfuerzos.

Cuando ya lo tenemos todo bien a la vista, tenemos que ir pasando de un punto a otro y analizando si esa faceta de nuestra vida nos hace felices, y si nos gustaría seguir explorando ese camino, esa parcela del saber, ese grupo de amigos o lo que sea.


  • Debemos ser muy sinceros en este punto del proceso y clasificar en un PRIMER GRUPO sólo aquellas cosas que de verdad nos hagan disfrutar de la vida.


Aquí se incluyen las cosas que notamos que nos llenan de energía positiva y que hacemos gustosamente sin ser conscientes del tiempo que pasamos enfrascados en ellas. Sólo las de "uuuaaauuh, me pasaría la vida haciendo esto, quedando con esta gente, estudiando esta materia, desarrollando este hobbie, etc."


  • En un SEGUNDO GRUPO, meteremos las cosas que NO nos hacen saltar de alegría, pero que creemos que merecen una segunda oportunidad: 
Un nuevo enfoque, añadirles un fin último que sea atrayente y que les dé sentido (por ejemplo, quizá la contabilidad nos parece un rollo macabeo, pero nos apetece aprenderla bien para poder orientarnos hacia una meta profesional que nos hemos fijado y que la incluye como requisito).

De todos modos, mucho cuidado con empeñarse en seguir con una actividad que nos parece un horror, sólo porque pensemos que nos va a ser útil en el futuro. Si dicha actividad que odiamos tiene una presencia muy notable en esa meta profesional que nos hemos propuesto, quizá deberíamos replantearnos la meta profesional, porque lo más probable es que, ese fin que queremos alcanzar, nos acabe frustrando y amargando la vida.

En fin, que cada uno establezca su "umbral de tolerancia" ante las actividades no deseadas. Una cosa es estudiar una asignatura que odiamos porque es necesaria para acabar una carrera que nos encanta y que podremos orientar hacia otros ámbitos, y otra cosa es querer ser asesor fiscal si resulta que odiamos el cálculo de impuestos.


  • Y por último, lo que no hayamos incluido en el primer o segundo grupo, está claro que es una piedra en el camino de la felicidad, e irá de cabeza al TERCER GRUPO.


Si te encuentras con que ahí están incluidas las reuniones del grupo de macramé, que se te hacen cuesta arriba, tu trabajo, tus momentos de atención al público en el ejercicio de tu profesión, tu relación con ese amigo que te roba toda tu energía positiva, tus clases de alemán, tus estudios de ingeniería, que te tienen amargada, los fines de semana dedicados a salir de copas o tu día a día en una aldea en medio del campo, vas a tener que ponerle remedio.

Mi consejo es que deseches todo lo que no te gusta. Si son cosas que te hacen infeliz, ¿para qué te empeñas en conservarlas? ¿A quién estás intentando contentar con ello? ¿No deberías intentar contentarte a ti mismo? Que cada palo aguante su vela, oye. Si hay cosas y personas que te quitan energía, que se tragan tu optimismo y tus ganas de vivir, pues que las zurzan.

Tampoco hace falta que te enemistes con nadie, ni que empieces a ofender a los que te rodean o te vayas de mala manera de tu trabajo actual o te niegues a realizar una de las tareas que te encomiendan. Pero empieza a moverte y ponles remedio. Planifica una transición lógica hacia otros aspectos de la vida que sí te llenen y te hagan sentir vivo.

Ojo, al determinar las actividades que incluiremos en este grupo, debemos ser cuidadosos. Por ejemplo, puede darse el caso de que disfrutemos mucho jugando al tenis pero no nos sintamos nada cómodos con los compañeros con los que habitualmente quedamos para hacerlo. En ese caso, el problema no es la actividad, sino la gente. Incluye el tenis en el grupo dos y haz las modificaciones pertinentes para poder seguir disfrutando de ese hobbie.

Al tercer grupo sólo van las cosas que emanan energía negativa y nos dan malas vibraciones. Esas cosas que hacen que tres horas antes de la cita o de la hora de inicio, ya estemos de malhumor. ¡A la porra con ellas, hombre! ¿A qué esperas para sacarlas de tu vida?

Y ahora que tenemos "el armario vital" ordenadito, y que podemos mover las perchas, vamos a agradecer todo lo bueno que tenemos en nuestra vida.

Aquí sí estoy de acuerdo con Marie Kondo. Abrir mi corazón ante unos calcetines viejos, no me motiva, pero apreciar todas las cosas buenas que he alcanzado en la vida o me han sido dadas, y dar gracias por ello, sí me parece lógico y muy sano. En realidad deberíamos hacerlo cada día nada más levantarnos o al irnos a dormir. Y ya, lo ideal, es que seamos capaces de dar las gracias a las personas que hacen nuestra vida más agradable. La transmisión de buena energía se contagia y se retroalimenta, y es un ejercicio que deberíamos practicar.

A partir de aquí, se me ocurre que deberíamos reducir las actividades de nuestra vida a todo aquello a lo que podamos dedicar tiempo de calidad y, por ende, podamos disfrutar. A lo mejor, si tuviéramos una vida más simplificada, con unos pocos elementos que nos llenan de verdad, avanzaríamos más en todos ellos. Como siempre, el secreto de la productividad es el foco: quien mucho abarca, poco aprieta.

Esta reflexión nos lleva de manera natural a buscar aplicar el Minimalismo en la vida. Sin ser una talibán de esta filosofía, sí que reconozco que me atrae muchísimo, y que, aunque no pienso desprenderme de los libros que tengo, ni de algunas otras cosas que me hacen feliz (aunque me sobren, pero que tengo razonablemente controladas), sí creo en la bondad de aplicarlo a la vida en general. Una vida abarcable es más disfrutable. Es como tener tres jerséis que te encantan y que te pones muchísimo, y siempre te sientes bien cuando lo haces, frente al hecho de tener veinte de dudoso gusto y con los que vas incómoda. Tienes más, pero disfrutas menos. En fin, como el Minimalismo me interesa mucho, ya profundizaré otro día en ese asunto.

Y ahora que ya sabes qué parcelas de tu vida te encantan, sigue explorando las opciones que te ofrecen y continúa creciendo en esos ámbitos. Si algo te hace feliz, con gusto le dedicarás tiempo, y serás capaz de perseverar. Y ya sabemos que la perseverancia es el secreto del éxito.

No me quiero extender más. Voy a terminar haciendo una síntesis de los puntos más relevantes del método "Nuri Kondo" o "Marie Kondo extrapolado a la vida."    ;)


  1. Haz una lista de todos los elementos, actividades, ocupaciones y personas que ocupan tu tiempo y tu vida. 
  2. Clasifícalos en tres grupos: los que te hacen feliz y te llenan de energía positiva (y que conservarás en tu vida, que además serán los que marquen tu camino a seguir), los que necesitan de algún ajuste para ser incluidos en el primer grupo, y los que te agotan psicológicamente y te amargan la existencia.
  3. Busca la manera de desprenderte de todos los elementos del tercer grupo. En algunos casos podrás cortar de raíz, y en otros necesitarás de un proceso más cuidadoso y planificado. 
  4. Simplifica las cosas que quieres conservar y agradécelas
  5. Mantén tu vida ordenada y despejada y vívela con intensidad. 
  6. Y por último, añado: fíjate metas atractivas que estén alineadas con todos los elementos que has descubierto que te hacen feliz. Y sigue aprendiendo y creciendo en esa dirección
A veces perdemos de vista que ya tenemos mucha información sobre quiénes somos y adónde queremos ir, pero nos empeñamos en ir dando bandazos y giros de 180º, perdiendo así la oportunidad de aprovechar todo lo aprendido con nuestra experiencia. Hacer este ejercicio nos será muy útil para reorientar nuestros objetivos y para apreciar el valor de lo que ya tenemos y de todo lo que hemos avanzado casi sin darnos cuenta en la dirección que nos interesa.

Venga, ¡manos a la obra! Y si alguien lo pone en práctica, ¡que me lo cuente! :)





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