Diseñando la vida ideal

Cuando el año está a punto de acabar, es inevitable replantearse la vida que estamos viviendo y ponernos a fantasear sobre todo lo que nos gustaría alcanzar en el año que vamos a empezar. Como dije al hablar de los propósitos de año nuevo, corremos el serio peligro de fijarnos demasiados objetivos y de angustiarnos pensando que estamos demasiado lejos de lograr todo eso.

Además, suele ocurrir que tenemos objetivos que arrastramos durante años para los que hacemos planes que nunca llegan a fructificar. Se nos enquistan. Y sobre ellos vamos acumulando las nuevas incorporaciones de cada año. 

Un error que cometemos es no replantearnos la conveniencia de mantener esos objetivos, y por lo que tengo comprobado, a medida que maduramos, envejecemos o evolucionamos, llámese como se quiera, nuestra visión sobre la realidad va cambiando también, por lo que nuestros objetivos deberían ir a la par. Quizá lo que nos parecía tan atrayente hace cinco años, hoy día en realidad no nos encaja. En parte, ésa puede ser la razón de que no los alcancemos: que realmente no nos motivan lo suficiente en el momento actual. 

Con esa manía que tengo yo de ir escribiendo todo lo que me pasa por la cabeza, y de crear documentos llamados "horizonte laboral", "mi vida ideal", "mis objetivos de futuro", al releerlos, me doy cuenta de lo que me va cambiando el chip cada año. Es curioso. A veces, releyendo un "manifiesto" de hace tiempo, redescubro proyectos que había dejado aparcados y que ahora me vuelven a parecer ilusionantes. 

Las que sí tengo claras, son un par de cosas: 

- Que fijarse objetivos es fundamental: 

Primero, porque si no sabemos adónde vamos, difícilmente llegaremos a algún sitio. Y segundo, porque nos ayuda a mantenernos en movimiento y a trabajar por mejorar cada día un poco más. 

- Que los objetivos deberían encajar en la que consideremos que es nuestra vida ideal: 

Porque, para qué quiero yo conseguir ser ingeniera aeronáutica, si en el lugar en el que quiero vivir, no hay opciones de trabajo para ese perfil profesional. Si lo lograra, supondría un cambio radical en mi modo de vida, y quizá no me he parado a pensar si quiero eso. O quizá hace años sí que me hubiera gustado irme a vivir a una gran ciudad, pero hoy por hoy no me apetece lo más mínimo. 

Las personas cambiamos, o quizá no cambiamos, pero nos conocemos más con el tiempo, y poco a poco vamos descubriendo qué modo de vida nos hace felices. Así que los objetivos, necesariamente, deben ser reformulados

Por eso, para tener claro dónde debemos enfocar nuestros esfuerzos, deberíamos definir, en primer lugar, nuestra VIDA IDEAL. Y una vez diseñada, deberíamos analizar si los objetivos que perseguimos nos ayudarán a acercarnos a esa vida soñada. Si no, es que algo no cuadra, y por fuerza, habrá que hacer un ajuste por algún lado.

En cuanto a cómo diseñar nuestra vida ideal, lo primero que deberíamos hacer es establecer nuestra escala de valores y priorizarlos:
  • Para algunos, lo más importante en la vida puede ser tener un trabajo que les ofrezca retos, o que esté reconocido socialmente, o bien que les atribuya un nivel alto de responsabilidad. 
  • Para otros, en cambio, puede ser poder vivir en un lugar tranquilo, o pequeño, o cálido, y formar una familia, o rodearse de una pequeña comunidad conocida. 
Es esencial que sepamos qué es lo verdaderamente importante para nosotros, porque eso puede significar que debamos elegir primero el lugar en el que deseamos vivir y luego buscar un trabajo que nos permita vivir ahí, o bien perseguir primero el trabajo que ansiamos y dejar que lo demás gire en torno a ello.

En mi caso, como ya enumeré al hablar del que sería mi trabajo ideal, estoy primando el aspecto personal y el entorno frente al contenido del trabajo en sí. Por supuesto que para mí son importantes ambos aspectos, pero sé que sería menos feliz viviendo en un sitio que no me gusta aunque tuviera el trabajo más satisfactorio del mundo, que viviendo en un lugar que me da paz y en el que me siento a gusto de verdad, aunque el trabajo no sea el que hubiera elegido en un principio. (Siempre y cuando no lo odie, claro.)

Como ya he dicho otras veces, el reto está en encontrar modos de enriquecer mi vida profesional, de modo que me sienta más realizada en ese aspecto. Y sinceramente, cada vez tengo más claro que eso es posible, y que, por contra, poder elegir mi rincón en el mundo, es un privilegio que no todos tienen.

He terminado un año muy feliz para mí, y en el que me he sentido afortunada por mi realidad. Supongo que influye que he empezado a no luchar contra las circunstancias, y me he puesto manos a la obra para sacarle provecho y llenarla de alicientes, y lo cierto es que parece estar dando resultado. Todavía tengo carencias que me gustaría solucionar, claro, y ésas son las que deberían dar forma a mis objetivos para el futuro.

La pega es que empiezo a pensar que mis objetivos "enquistados" están chocando un poco con mi nueva visión de la realidad: si sigo trabajando para alcanzarlos, lo más probable es que me cambiaran la vida más de lo deseado, y actualmente estoy lidiando con ese dilema personal. Ya veremos cómo lo soluciono.

De momento he decidido seguir trabajando de algún modo en esa dirección y dejar que la suerte actúe a favor o en contra, y si lo consigo, ya decidiré. Afortunadamente, pocas cosas hay irreversibles en esta vida. Si llegado el momento decido que no quiero cambiar, pues no cambiaré y punto. Ese pensamiento me tranquiliza mucho, la verdad.

En fin, para no desviarme mucho del tema, quiero resumir en qué consistiría mi vida ideal y en qué valores se resume, no profundizando demasiado en el aspecto laboral, porque ya hablé de ello anteriormente:

- Por encima de todo valoro la libertad. Poder elegir en todo momento, me parece un privilegio. Me gustaría poder elegir dónde vivo, cuándo tomo vacaciones, a qué ritmo trabajo y para quién. De momento he elegido dónde vivir, pero tengo que trabajar en los demás puntos, porque creo que se puede conseguir.

- No quiero estar sola en la otra punta del mundo. Me encanta viajar, y ya he hecho varios viajes sola (experiencia enriquecedora 100%), pero no me gustaría vivir así permanentemente. Es decir, no me atrae lo de ser nómada digital, aunque sí los demás aspectos de ese modo de vida.

- Quiero tener un nivel de vida que no me esclavice. No tengo ninguna intención de vivir para trabajar. Afortunadamente, mis gustos son baratos, y mis hobbies también, así que no necesito un sueldazo para vivir como me gusta. Y si mis ingresos se resienten, mi estilo de vida no va a notar la diferencia. Es lo bueno de que te guste hacer senderismo, por ejemplo, como es mi caso. Es barato y haces amigos de todo tipo y condición, y es una afición que podré cultivar toda mi vida. Distinto sería que me gustara navegar en barco propio, o pertenecer a un selecto club deportivo. En ese caso, un cambio en mis ingresos supondría incluso un cambio en mi círculo social.

Yo quiero una vida a mi medida. Algo que pueda controlar. Valoro más el tiempo libre que un alto nivel de vida. Vivir de forma más sencilla me permite reducir las horas de trabajo y tener más libertad en general.

- Quiero una vida sencilla, pero no simple. No me van las sofisticaciones, pero necesito rodearme de personas, cosas, eventos y actividades que impliquen cierto interés cultural, conversaciones interesantes, proyectos laborales con miga y profundidad. Aunque no me haga rica, quiero dedicar mi tiempo a cosas de enjundia. Y tampoco tengo intención de pasarme toda mi vida haciendo exactamente lo mismo semana tras semana.

- Valoro tener a mi familia cerca y a unos pocos buenos amigos, y poder dedicarles el tiempo que se merecen. Me gusta la sensación de pertenencia a un sitio.

- Quiero vivir en un sitio ni muy pequeño ni muy grande, con todos los servicios a mi alcance, y el campo a dos pasos. Y que esté suficientemente bien comunicado.

- Me encantaría trabajar a mi aire, desde mi casa o desde donde se me antojara, y completar mi vida con actividades que me gustan y que me permitan socializar.

- Quiero mantener un estilo de vida sano, alimentándome bien y haciendo más deporte del que hago.

- Quiero que mi trabajo, o mis hobbies, me ayuden a estar en contacto con gente de otras culturas y otras partes del mundo. Te ayuda a tener la mente abierta.

Y una vez perfilada mi vida ideal, tengo que analizar si los objetivos que me empeño en lograr, me van a permitir mantener ese estilo de vida que me he propuesto, o si, por el contrario, me alejarán de él. Si no me cuadran, buscaré algo que los sustituya y que sí encaje con mis valores, y por eso es importante que los tenga siempre presentes.

Por eso me encuentro estos días sumida en un proceso de reformulación de mis metas, para adaptarlas a la vida que realmente quiero tener.

Os animo que os toméis un tiempo estos días para hacer este ejercicio de reflexión, y tener claro hacia dónde queréis ir. Y por cierto, me encantaría conocer vuestras conclusiones. ;)





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