Deja de pensar



El mayor problema que tenemos los que pertenecemos al colectivo mentalmente disperso, aparte de no saber elegir entre los millones de alternativas que danzan delante de nuestros ojos, es que no paramos de darle vueltas a todas ellas. No paramos de analizar los pros y los contras de cada camino posible, los pasos que deberíamos dar, cómo tendríamos que hacer para que fuera perfecto, si estaremos preparados para lanzarnos a ello y cuándo sería el mejor momento para hacerlo.

No paramos de analizar y analizar porque el fracaso nos da un miedo atroz. Y sé que es paradójico que yo misma me queje de este exceso de análisis, cuando precisamente he recomendado esa "metodología" en varias entradas anteriores. Sí, lo sé, soy la reina de la contradicción. Apedreadme.

En fin, no quiero buscar excusas, pero si soy una persona dispersa, no se puede esperar que tenga un criterio inamovible. Recuerdo una frase de la película "Mejor imposible", que me hizo mucha gracia: Después de que el psiquiatra reprendiera al personaje encarnado por Jack Nicholson por haber irrumpido en su consulta el día que no tocaba, éste le contesta: "Doctor, no puede diagnosticarme un trastorno obsesivo compulsivo y luego extrañarse de que me presente aquí sin cita previa." Pues eso; dadme un poco de margen.

Porque sí, soy consciente de que también sufro de exceso de planificación y análisis. Aunque, ¡ojo!, sigo pensado que analizar las opciones antes de lanzarnos arrebatadamente a ellas, es muy recomendable. Pero no hay que abusar; en el punto medio está la virtud.

No descubro nada nuevo si os digo que, si estamos esperando a que todo sea perfecto, nunca daremos el primer paso, y por tanto, nunca haremos nada de nada. Nos pasaremos toda nuestra existencia divagando en el plano teórico de la vida, viendo cómo los demás se las arreglan para vivir, mientras nosotros seguimos en el banquillo limpiándonos las botas.

Por ejemplo: el otro día medité mucho la entrada que trataba sobre los nuevos horizontes laborales. Me quedó muy curradita y, a mi modo de ver, con un toque algo más profesional de lo habitual. Después de eso, tenía intención de mantener el nivel, así que me he bloqueado temporalmente pensando y pensando cuál podía ser el enfoque de la siguiente entrada. Al final he llegado a la conclusión de que, aunque ligeramente más profesional que las demás, esa entrada no me acaba de gustar, porque ha perdido frescura, y la razón es que la he pensado demasiado. He matado a la musa. Así que hoy me he lanzado a escribir sin meditarlo en exceso, y estoy dispuesta a apechugar con lo que salga. Y quién sabe; a lo mejor el resultado es mejor de lo que me esperaba (seguro, vaya, porque tenía las expectativas muy bajas).

Total, que he llegado a la conclusión de que hay que ponerse en movimiento, echar a rodar, y ya irán saliendo las cosas. Y con el tiempo, ya las iremos puliendo. Pero seguro que habremos aprendido muchísimo por el camino. Mucho más que si hubiéramos estado todo ese tiempo pensando y analizando cada detalle desde la trastienda.

Este año, por circunstancias de la vida, estoy conociendo a muchos extranjeros que han venido a España, bien a pasar un año trabajando con un contrato de prácticas, o como auxiliares de conversación en colegios, o bien a vivir definitivamente y a disfrutar de su jubilación. Y estoy aprendiendo mucho de todos ellos. Me he dado cuenta de que los extranjeros tienen una mentalidad mucho más flexible que la nuestra. 

Mientras aquí estamos medio país estudiando unas oposiciones para conseguir un trabajo para toda la vida (en algunos casos, incluso parece que nos dé igual qué trabajo sea, cosa que me tiene alucinada), ellos vienen con la mente abierta de par en par dispuestos a dejarse sorprender por las circunstancias.

Mientras nosotros estamos empecinados en el consabido "quiero trabajar de lo mío", encadenándonos a los estudios que elegimos cuando teníamos diecisiete años, y dejando pasar oportunidades a granel, ellos acaban apañándoselas estupendamente compaginando varios trabajillos de lo más interesantes,  que además, nada tienen que ver con su formación inicial. O bien se lanzan a poner un negocio, o empiezan a trabajar en una empresa, de cualquier cosa, y acaban especializándose en ese sector. Y tan contentos. No los ves amargados por esas cuestiones.

Supongo que uno de los motivos es que aquí nos llegan los más lanzados de cada país, y lógicamente, nunca serán los que están metidos en su cama dedicando una hora diaria a decidir si es mejor salir de ella por el lado derecho o por el izquierdo.

Yo creo estar aprendiendo un poquito de todos ellos, y ahora estoy más dispuesta a apuntarme a cualquier plan que se me ponga por delante. Y lo cierto es que, una vez vencida la pereza inicial, te das cuenta de que los días transcurren con más miga que antes. Socializas, te sientes viva, la cabeza se te llena de proyectos. Y te vuelves más productiva, mientras ves cómo se alejan los miedos.

En fin, en cualquier caso, la vida sabe mejor cuando haces cosas, las que sean. Muchas veces las ideas se aclaran solas cuando te pones en movimiento, y te llegan las respuestas cuando ya habías dejado de atormentarte con las preguntas.

El momento presente es el mejor que vas a encontrar para empezar a hacer lo que te estaba rondando por la cabeza. Quién sabe, quizás acabes llegando adonde tenías pensado llegar, pero dando un rodeo divertido e interesante. O quizás acabes en otro destino totalmente diferente y que te llene mucho más de lo que jamás lo hubiera hecho el que habías planeado.

Ya lo dijo John Lennon, ¿no?:


"La vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes." 


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