Consejos concentrados para mentes dispersas

Llevo un montón de días sin escribir ni una sola palabra en el blog. El motivo es evidente: soy una dispersa de la vida. Cuando descubro una nueva afición, me da muy fuerte y me pego un atracón, pero de pronto pierdo el interés inicial y me cuesta mantener un ritmo constante. Me lo replanteo todo, pienso que es una tontería y lo aparco para dedicarme a ocupaciones "más realistas". Luego me vuelve la motivación y el empuje y lo retomo. Un infierno, sí, pero nada nuevo, vaya.

Y en este intervalo de aparente inactividad, he pasado por mil nuevas revelaciones vitales que luego se han acabado diluyendo, como era de esperar.


Pero al menos he podido sacar un poco de inspiración para retomar la actividad bloguera. He pensado que quizá podía arrojar un poco de luz a la penumbra en que se halla inmerso el colectivo disperso para que alguien se pueda beneficiar de mi experiencia previa.


Pues vamos a ello: Después de mi dilatada experiencia como persona "desenfocada", ¿qué consejos podría transmitir a otras mentes dispersas?


Para ello, lo primero es explicar cómo "funciona" una mente dispersa. Lo pongo entrecomillado por lo irónico del término (porque si eso es funcionar, que baje Dios y lo vea).


Una mente dispersa sigue el siguiente esquema: tras un periodo de paz mental, se siente de nuevo invadida por el desasosiego. La tranquila rutina hace que se sienta como un león enjaulado con ganas de salir al mundo a devorar lo que sea. Si en ésas tiene la oportunidad de asistir a algún concierto, conferencia, curso, taller, presentación literaria, experiencia deportiva o espectáculo circense, se desencadenará la crisis existencial, y se emocionará pensando que acaba de descubrir su verdadera vocación. "Ya está, mamá, ya sé lo que de verdad me llena, me hace fluir. Ahora lo veo claro: quiero ser monologuista" (o lo que se tercie). Entonces se verá haciendo cálculos de tiempos de estudio y preparación para llegar a ser una figura reconocida en el nuevo campo de su interés, en plan: si dedico dos horas diarias a aprender chino, podré ser intérprete profesional en un par de años.


Seguidamente llegará la visualización de un futuro esperanzador e idílico. El corazón se acelerará como si de un proceso de enamoramiento se tratara, se acostará tremendamente ilusionada y soñará con los laureles que obtendrá en el nuevo campo profesional. A la mañana siguiente se lo contará a la familia y conocidos, y por la tarde se dedicará a hacer acopio de material de estudio, a navegar por internet empapándose de conocimientos relacionados con el tema, buscando tutoriales, experiencias similares, etc. Y al día siguiente dedicará las dos horas proyectadas a la nueva actividad.


Quizá ese día se cumpla el objetivo, pero al día siguiente, cuando lleve una hora estudiando chino, o ensayando monólogos o trenzando macramé, pensará: "Vaya rollazo...Quizá me he precipitado. A lo mejor sería más lógico seguir con lo que estaba haciendo, mejorando mi nivel de inglés poquito a poco, o tocando el piano por afición, cuando me apetezca, sin pensar en triunfar en el mundo de la música, o leyendo algún libro relacionado con este tema, sólo por el puro placer de conocer un poquito más de este mundillo."


Este proceso se repite cíclicamente cada equis tiempo en la vida de una mente dispersa. Seguro que hay por ahí alguien más que sabe de qué hablo. Y si ya agobia bastante volver con el rabo entre las piernas a la senda de la realidad, el hecho de haber hecho público nuestro loco propósito, añade más agobio si cabe. Hace que nos sintamos estúpidos, inconstantes (esto tiene base, obviamente), chalados y mil cosas más. Y además, nuestros allegados dejarán de tomarnos en serio (si es que no lo han hecho ya).


Total, que se me ocurren algunos consejillos o pautas útiles para mitigar un poco esa sensación de estupidez supina que se nos queda después de cada ciclo de dispersión:


CONSEJO 1: Sé que lo ves clarísimo, que nunca has tenido la misma intensa impresión de haber encontrado tu camino, que esta nueva vocación no es como las otras. Que ahora va en serio. Pero aún así, deja tu decisión "en observación" durante un tiempo prudencial.


¿Cuánto tiempo es necesario? Pues no sé, el que haga falta para que llegue el cambio de opinión...que llegará tarde o temprano. Durante ese tiempo sigue con tu actividad habitual y con los pasos lógicos de ese otro objetivo que brilla menos pero que tienes entre manos desde hace tiempo. No te pares. Fantasea pero en movimiento. Al menos irás avanzando en tu camino "normal", y ve estudiando sin prisa pero sin pausa ese nuevo campo del saber que ocupa tu corazón. Quién sabe, a lo mejor es verdad que esta vez es la buena y has encontrado algo que te llena de verdad, pero, por si acaso, no paralices tu actividad habitual ni bajes tu nivel de desempeño, porque eso que te aburre es lo que te da de comer y te permite pagar tus gastos, que no es poco.


CONSEJO 2: Sé realista. Te dediques a lo que te dediques, siempre habrá una parte fea. Y además tendrás que esforzarte mucho para conseguir algo que merezca la pena. El éxito no cae del cielo.


Si te has creído que encontrando "eso en lo que fluyes", vas a poder ir por la vida de paseo sin trabajar duro y que cada día de tu vida va a ser una fiesta, estás muy equivocado/a. Cualquier trabajo requiere horas de estudio, ensayo, repeticiones tediosas y tareas poco gratificantes, aunque el resultado final te encante y te haga flotar de la emoción. Si quieres ser un virtuoso del piano y dar conciertos alucinantes a los amigos, tendrás que dedicar horas y horas de tu vida a hacer aburridas escalas y ejercicios de velocidad. Hagas lo que hagas, deberás ser constante, y ése es nuestro talón de Aquiles.  


A ver si te crees que a los cantantes que llenan estadios les apetece estar ensayando millones de veces la misma canción, y tener que cantarla con el mismo entusiasmo en la vez doce mil veintisiete que si fuera la primera vez.


CONSEJO 3: Da igual lo que hayas decidido: no se lo cuentes a nadie. Trabaja en ello "en la clandestinidad". Si da resultado, será maravilloso y todo el mundo se enterará sin necesidad de que lo vayas anunciando. Pero si acabas abandonando, sólo lo sabrás tú, lo cual es un consuelo.


Cuando llevas doscientos chascos de ese estilo, empiezas a apreciar la discreción. Además, recientes estudios han demostrado que si contamos nuestros propósitos, perdemos fuelle. Nuestra mente interpreta que ya lo hemos conseguido y se relaja, con lo cual nunca pasaremos de fantasear sobre ello sin pasar a la acción. (¿Cuál era la universidad que se dedicaba a estudiar chorradas? ¿La Universidad de California?).


CONSEJO 4: Pues eso mismo: pasa a la acción. No te quedes en el plano teórico. Cualquier cosa que anide en nuestra mente dispersa acabará idealizada hasta extremos insospechados, a menos que lo experimentemos en la vida real. Siempre pensamos que algo nos va a gustar más de lo que lo va a hacer en realidad, pero si no lo probamos, nunca nos caeremos de la nube.


CONSEJO 5 y último: No menosprecies lo que eres/tienes. Cambia el color del cristal con el que ves tu realidad. Cualquier cosa tiene más de una lectura y de un enfoque, y te aseguro que si empiezas a enfocarte en las ventajas de tu situación, en lugar de en lo que no te gusta, las cosas cambiarán a mejor. Puedes encontrarte con la sorpresa de que te gusta tu vida, el sitio en el que vives, el trabajo que realizas, los hobbies que has descubierto y los amigos que has hecho gracias a ellos. A lo mejor la dispersión no es más que un empeño en idealizar lo que no tenemos, y cuando nos acercamos a eso, descubrimos que lo nuestro no está tan mal.


A propósito de cambiar el cristal con el que miramos, antes de sentarme a escribir he dudado si ponerme de fondo un CD de Rod Steward o uno de Keane. Ambos me gustan mucho, pero al final he elegido a Rod Steward, y estoy segura de que si hubiera elegido a Keane, el tono de esta entrada sería muy distinto y ahora mismo estaría en la cocina decidiendo cuál es el cuchillo adecuado para cortarme las venas. :P


Conclusión: Está claro que nuestro reto está en dejar de planteárnoslo todo una y otra vez. Para probar cosas nuevas no necesitamos romper con todo. Afortunadamente hoy día tenemos mil recursos a nuestro alcance para aprender todo lo que se nos antoje, para tener infinidad de hobbies nuevos y dedicar cada año de nuestra vida a explorar un campo nuevo y emocionante. Lo ideal es hacerlo desde un enfoque constructivo y optimista, disfrutando del proceso, en lugar de convertirlo todo en una agonía plagada de pensamientos obsesivos y derrotistas del tipo "ahora mismo debería estar haciendo otra cosa".


Lo importante es avanzar cada día un poquito en lo que sea, y seguir creciendo. Y el tiempo nos irá dando las respuestas de una forma natural. (¡Eso espero!).


¡¡Feliz Navidad!!  :)










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