Sobre los nómadas digitales


Tomando el hilo de la entrada anterior, en la que describía mi trabajo ideal, y decía entre otras cosas que me gustaría poder trabajar desde cualquier sitio y aprovechar para viajar más, me doy cuenta de que puedo caer en el error de pensar que "la vida pirata es la vida mejor" (y donde digo pirata, digo nómada digital). O dar la sensación de que es lo que pienso, pero no es así.

Hace un tiempo descubrí el concepto de nómada digital un día que vagaba por internet buscando apoyo moral a mis desvelos. Yo es que, cada vez que tengo una idea rondándome la cabeza, y esta idea toma la forma de una reflexión, la busco en internet. Y me encuentro montones de páginas en las que alguien, antes que yo, ha lanzado la misma queja (suele ser una queja) al universo. A veces son foros donde la gente debate sobre el particular, y me puedo pasar las horas muertas leyendo comentarios y más comentarios de todos los frustrados como yo. Otras veces no es que esté frustrada; puede ser que haya tenido algún tipo de revelación, y cuando me pilla aburrida, hago la misma operación: busco almas afines en internet por el mero placer de leer lo que piensan y regodearme en mis conclusiones. Es un pasatiempo como otro cualquiera.


Pues bien, en una de esas búsquedas me topé con el concepto de nómada digital, que está muy de moda ahora. Para los que no sepáis de qué va la cosa, un nómada digital es alguien que decide ir por libre y de algún modo salirse del sistema productivo, para poder funcionar desde donde quiera (normalmente viajando alrededor del mundo), a su ritmo y con la única ayuda de un ordenador y una conexión a internet. Se trata de buscarse las castañas uno mismo con la mínima infraestructura posible y dedicar la vida a vivir y trabajar viajando. 


Y dentro de este campo, me he encontrado nómadas digitales de diversos tipos: algunos que dicen verdades como puños, que te abren la mente y que realmente me han hecho pensar, y otros que no pasan de ser unos incendiarios rebotados que destilan mala leche por todos sus poros. Pero casi todos responden a las siguientes características: joven (a veces muy joven), con amplia formación en el campo de la informática, en muchos casos con dominio del inglés (por haber pasado un tiempo en el extranjero), con cierto aire de estar de vuelta de todo (ya digo que los hay más serios y humildes), y sin familia ni cargas de ningún tipo.


Porque lo que básicamente propugna un nómada digital de la nueva ola --salvo honrosas excepciones--, es que el sistema está podrido desde la raíz, que un trabajo tradicional es lo peor que te puede pasar, y que somos todos unos aborregados que no nos atrevemos a dar el paso de mandarlo todo al carajo y dedicarnos a vivir intensamente viajando por el mundo con una mochila mientras nos forramos con un trabajo virtual de mínima dedicación diaria. Porque lo que hay que hacer es aportar valor al mundo con nuestro talento y sacarle rendimiento, de modo que nuestros ingresos se multipliquen de manera exponencial mientras nos tomamos una piña colada en las Islas Seychelles.


Pues no te digo yo que no, porque además con esa imagen tan romántica de la vida hemos soñado todos en algún momento, ¿y a quién no le suena apetecible esa opción? Pero tengo algunas dudas:


Primero: Yo creo que todo cansa. Y que, al igual que, como ellos mismos dicen, en cualquier trabajo tradicional acabas entrando en una rutina insoportable, la vida de nómada digital acabará cayendo en lo mismo. Llegará un momento en que acabes hasta el moño de ir con la maleta a todas partes, o no se te ocurra sobre qué escribir, qué contenido crear, cómo atraer clientes, o que te sientas estancado, con la sensación de que siempre haces lo mismo. Pocas actividades están libres de sufrir ese proceso. 


Segundo: No es oro todo lo que reluce. Al final siempre caemos en lo mismo; en idealizar la vida de los demás. Vamos a ver, nadie vive en un algodón de azúcar de forma continua. Todo el mundo tiene momentos de frustración, soledad no deseada, estancamiento vital, aburrimiento y crisis. Y por muy nómada digital que seas, no vas a ser menos. Y mira que me apetece viajar a Noruega, pero me imagino en Oslo, allí solita, después de tres meses de estancia, de noche a las 4 de la tarde, sin poder darme un paseo por mis soleados caminitos de huerta o quedar con un amigo a tomar un café, y no me suena nada apetecible, qué queréis que os diga. Porque además estas vidas de aventurero nos las imaginamos siempre con buen tiempo, al menos yo. Pero ponle un día gris detrás de otro, una lluvia intensa que no cesa, unos vecinos de carácter reservado que apenas te dan los buenos días, e imagínate más sola que la una pegada a un ordenador en un apartamento impersonal. ¿A que ya no suena tan bien? Eso sí, si te mueres de asco, al menos no se van a enterar en tu pueblo.


         *) Como ejercicio "desmitificador", os invito a daros una vuelta a pie de calle por Oslo con Google Street View. ¡No se ve ni un alma! Es bastante chocante, la verdad. Inquietante, incluso.


Tercero: Que levanten la mano todos los que defienden ese modo de vida y que tengan más de 35 años. Pocos, ¿verdad? Me lo temía. Creo que esa forma de vivir está genial para una edad determinada y para una temporadita. Un par de años, si me apuras. O para unos tres meses al año. Pero la veo un pelín insostenible a largo plazo. Yo soy una persona muy vital y de espíritu muy joven, pero aun así, con la edad, ya noto que necesito echar raíces en un sitio. Ha llegado ese momento en que me apetece pertenecer a un lugar. Me encanta viajar, pero el saber que tengo mi base de operaciones en mi "pueblito bueno", con mi familia y amigos, y con mi casa acogedora donde guardo todos mis tesoros, me da mucha paz. Ya no tengo las mismas ganas de liarme la manta a la cabeza que hace diez años, sinceramente, porque eso de estar continuamente empezando de cero en otro lugar, llega a cansar.


Cuarto: No veo cómo se va a sostener nuestra civilización si todos nos lanzamos a hacer lo mismo. Hay trabajos que precisan de una estructura y un equipo que los saque adelante. No podríamos acceder a los servicios de los que disfrutamos en el mundo actual, si no existieran empresas y personas que trabajan juntas para que muchas de esas cosas funcionen. Para poner algunos ejemplos claros: ¿Qué hacemos con los hospitales? ¿Quién haría nuestras carreteras? ¿En qué cafetería con encanto podríamos ir a trabajar con nuestro ordenador, si todo el mundo decidiera cerrar el chiringuito y liarse la manta a la cabeza? Sí que es una opción estupenda para algunas personas, pero no se puede pretender meter esa idea en la cabeza de todo el mundo, porque ni todos somos iguales, ni el mundo se sostiene con ese individualismo.


Quinto: Veo muy difícil compatibilizar ese modo de vida con una familia. Llegará un momento en que algunos querrán tener pareja y quizá también hijos, y los niños podrán vivir en plan Robinson Crusoe una temporada, pero es complicado darles una educación adecuada y permitirles una socialización normal con otros niños sin establecerse en algún sitio. No sé, lo veo muy complicado.


Sexto: Por favor, ¿podemos ser más concretos con lo de "aportar valor"? Porque si uno piensa trabajar de traductor profesional, corrector, redactor, diseñador gráfico y cosas así, lo veo bastante consistente, pero si el objetivo es transformarse de la noche a la mañana en un autoproclamado gurú del éxito vital, mucho ojito, porque no todo el mundo vale para guiar a otros. Que eso de ser "coach" está muy de moda, pero a veces se ve por ahí mucho vendedor de crecepelo del antiguo Oeste y se leen muchos disparates. Por cada uno bueno, salen cien malos imitadores. 


          *) Hago un inciso para aclarar que mi objetivo con este blog no es convertirme en coach de nada, sino sólo reflexionar sobre mi vida y poder compartir mis conclusiones con otros a los que les guste también filosofar. No quiero caer en el "consejos vendo que para mí no tengo".


Séptimo: Para poder ganarse la vida con un ordenador y nada más, hace falta mucha preparación, mucha voluntad y mucho trabajo duro. Y si nos lanzamos a la aventura sin meditarlo suficientemente y estudiar bien el terreno, a lo mejor nos encontramos echando de menos nuestra vida estructurada de antes, e incluso nuestra oficina y a nuestros antiguos compañeros. Los pocos que he visto que han triunfado por esa vía, y a los que a mí, personalmente, me merece la pena seguir, son personas muy disciplinadas y serias que trabajan duro.


Y octavo, para no extenderme más: Yo creo que la vida, tal y como la conocemos, no está tan mal. El sistema funciona, aunque tenga fallos, y el empresario no es el ogro de nuestra era. Hay gente estupenda que arriesga su dinero para sacar adelante un proyecto, y que honestamente, lo que busca es un equipo de personas válidas con las que poder trabajar en equipo, porque son los primeros que quieren que su negocio prospere. También hay mucho explotador aprovechado, no lo niego, pero tampoco los trabajadores somos todos unos santos. Y si uno está cansado de estar en el lado del trabajador, que se lance al lado emprendedor, pero no caigamos en el error de pensar que va a ser un camino de rosas y que todo el mundo vale para ello, porque no es así.


Si nuestro trabajo no nos satisface, a lo mejor necesitamos cambiar de área profesional, de empresa o de compañeros, pero tampoco veo la necesidad de ponerse a despotricar en internet y meter en cabezas ajenas la idea de que somos todos unos desgraciados y unos borregos que estamos tirando nuestra vida por el retrete. Hay gente que es muy feliz con un trabajo tradicional, y que está más realizada que muchos de los que creen haber inventado la rueda.


                                                  El trabajo dignifica, claro que sí. 


Pero dicho todo esto, y como soy una persona llena de contradicciones, me permito añadir que ojalá pudiera vivir sin trabajar, porque se me ocurren millones de cosas más interesantes que hacer para dignificarme.




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