Pensaba que sí, pero no.

Nada más empezar el blog el otro día y redactar la primera entrada, tuve un espejismo vocacional, y creí que había encontrado mi objetivo en la vida, por lo que seguir adelante con este blog que aún ni había visto la luz, no parecía tener mucho sentido.

Me duró la broma menos de una semana. Enseguida recuperé la cordura, si por recuperar la cordura se puede entender volver a mi estado de incertidumbre habitual. Vivo acomodada en la duda existencial, y cuando me salgo de ahí, me pongo nerviosa. Ironías de la vida.


El caso es que ese fugaz ataque vocacional, se fue tan rápido como llegó. Algo que vi clarísimo durante el poco tiempo que me duró ese estado, ahora me parece un soberano disparate. ¿Cómo se puede una conducir así por la vida?


En cierto modo me consuela pensar que, aunque me paso la vida dándole vueltas a todo, hay alternativas a las que les doy más vueltas que a otras, o mejor dicho, hay alternativas a las que siempre acabo volviendo, aunque no me convenzan del todo. Quizá eso ya es algo parecido a la estabilidad. A lo mejor es que sí he encontrado mi camino pero me resisto a creerlo.


Se me ocurre que en el proceso de búsqueda del sentido vital, pasa algo parecido a lo que ocurre cuando buscamos pareja. Después de cada experiencia sigues sin saber qué buscas, pero tienes más claro qué es lo que no quieres. Pues con todo en la vida debe de ser igual. A medida que avanzamos, sabemos qué caminos no queremos volver a transitar.


Así es como sigo yo anclada a mi zona de confort. De vez en cuando me muevo un poco para analizar otras opciones, pero enseguida me doy cuenta de que no son lo que quiero, así que me vuelvo a mi sitio, en el que, al menos, me siento cómoda, medianamente válida y razonablemente feliz. Lo único que me falla es mi nivel de autorrealización.


En ésas ando de nuevo, sólo que últimamente empiezo a ver más atractivos a mi situación actual. A lo mejor el fallo ha estado en no saber cómo mirar. Puede que seamos más impresionables con los logros de los demás que con los propios, y a algunas personas, todo lo que hacemos nos parece una tontada sin fuste, aunque de vez en cuando nos sorprendan los comentarios positivos y espontáneos de otros hacia nuestro trabajo.


Me acabo de leer una novela muy intrigante, en la que, en un momento dado, el amigo del protagonista le dice a éste que sea optimista. Y se lo resume en una frase que dice más o menos así: "Si éste es el camino que te ha tocado recorrer en la vida, mejor si lo recorres por el lado por el que da el sol". Me parece muy buena reflexión. Además, quién sabe; si vamos por el lado del sol, quizá nos cambien las energías y con ellas la actitud, y quizá esa nueva actitud atraiga a nuestra vida esas cosas que necesitamos para encontrarle sentido.


Moraleja de esta reflexión: no ganamos nada con ir amargados por la vida, y en cambio, es muy posible que esa actitud nos haga perder oportunidades y alejarnos cada vez más de nuestros objetivos. Así que, a cambiar el chip. 


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