Asegúrate de que persigues tus metas

Y me diréis: "pues vaya reflexión profunda. Eso es lo que dice todo el mundo, y en ésas estamos."

Pues sí, pero a lo que yo me refiero es a que te asegures de que las metas que persigues son las tuyas.  Persigue tus metas. TUS metas. No persigas objetivos que te has sentido de alguna manera obligado a fijarte, o que crees que satisfarán a los que te rodean. Persigue objetivos que te hagan feliz a ti, y asegúrate de que estás convencido de que la dirección en la que estás volcando todos tus esfuerzos, es la que te llevará adonde TÚ quieres.


En mi familia y entorno, conozco muchas personas relacionadas con el Derecho, que en teoría, ha sido también mi mundo. Y alguna vez me he encontrado con niños de diez años, o poco más, que afirmaban rotundamente que de mayores querían ser notarios. Eso es algo que "me pone la cabeza loca", como dice mi sobrina Isabel.


Vamos a ver, no creo que sea la única que se haya dado cuenta de que ese niño ha adoptado los objetivos de algún mayor. Está claro que ningún niño, en su sano juicio, querría ser notario. ¿De verdad alguien se cree que existe la vocación de fedatario público a tan tierna edad? ¿De verdad puede un niño sentirse deslumbrado por esa profesión? ¿Pero acaso sabe el niño qué hace un notario en su día a día, y qué implica para él elegir ese camino? Pero claro, sus padres, tan orgullosos, se dedican a decir a todo el que lo quiere oír, que su hijo quiere ser notario. Y el niño percibe ese profundo orgullo por algo que sus padres están convencidos de que logrará.


Y de lo que no se dan cuenta, es de que ese niño irá sintiendo esa presión silenciosa durante todo su desarrollo, y se empecinará en conseguir algo que a lo mejor ni le gusta (y que, encima, es terriblemente difícil de alcanzar), pero que sabe que haría felices a sus padres. Y lo que es más: sentirá no sólo que conseguirlo haría muy felices a sus padres, sino que si no lo consigue, les habrá fallado y se sentirán decepcionados con él.


Ese miedo a decepcionar, o a no dar la talla que los demás consideran que debemos dar, o a contradecir a las personas a las que queremos, condicionan muchísimo la elección de nuestras metas. Así que conviene que sepamos que ese peligro existe.


Este ejemplo del niño que quiere ser notario lo vemos todos muy claro, y no hay nadie que no se dé cuenta de que ahí no ha habido una elección libre de objetivos vitales. Pero cuando nos hacemos mayores esta cuestión no es tan fácil de discernir, y puede que no nos percatemos de que nos está sucediendo exactamente lo mismo.


Vamos a ver, esto es de cajón y lo hemos oído mil veces: nuestra vida es sólo nuestra, los demás ya tienen la suya. Si tus padres querían un notario en casa, pues deberían haber perseguido ellos mismos ese camino. Y si resulta que ya lo son, pues mejor para ellos, pero quizá a ti te haría más feliz ser otra cosa. Es un tremendo error proyectar en otros nuestros sueños y objetivos. Es una forma de manipular. Y aunque la mayoría de las veces se hace de forma inconsciente, deberíamos estar preparados para no dejarnos dirigir de esa manera.


A veces, ni siquiera nos dirige otro. Simplemente, pensamos que esa meta profesional es la que mejor nos cuadra, la que nos situaría en el sitio en el que consideramos que debemos estar, pero quizá sólo estemos persiguiendo un estatus, y no nos hemos parado a pensar en si ésos son los cambios que realmente queremos experimentar en nuestra vida.


Así que reflexiona seriamente sobre tus objetivos vitales:




  • Analiza todo lo que implica el objetivo elegido. 
  • No idealices un futuro del que quizá no conoces suficiente. Investiga sobre ello. Por ejemplo, yo estudié Derecho por vocación. El problema vino después, cuando vi que el tipo de vida que debía llevar dedicándome al Derecho, no era el que mejor cuadraba conmigo. (Aunque como dije en la primera entrada de este blog, aún no he descartado todas las posibles opciones que me brinda esta carrera). 
  • Sé sincero contigo mismo y calibra si de verdad serías feliz realizando ese "sueño" que te has adjudicado. 
  • No te dejes influenciar por el posible reconocimiento social que lleve aparejada esa meta. (De esto ya hablaremos otro día).
  • No elijas un camino sólo porque "puedes", porque tienes la capacidad de llegar ahí. No todo el que cumple las condiciones necesarias para ser neurocirujano, puede querer ser neurocirujano. A lo mejor siempre has sido un fenómeno de las Ciencias, pero lo que de verdad te llenaría sería ser ilustrador. 
  • Ten en cuenta todo lo que conlleva el camino elegido. El contenido del trabajo no lo es todo. Cualquier trabajo lleva aparejadas una serie de cosas que deberíamos valorar: el lugar donde tendremos que vivir, el ambiente de trabajo, el ritmo de vida, el tipo de gente a la que conoceremos y con la que estaremos en contacto diario. A lo mejor te gusta un trabajo "en abstracto", pero si conocieras su realidad, no te gustaría. O quizá tienes la oportunidad de desempeñar otro que no te dice nada, pero que te ofrece unas condiciones de vida que te llenan más de lo que esperabas. Indaga a fondo, no te quedes en la teoría.   

Una vez analizado el contenido de nuestra meta, sería conveniente estudiar el porqué. Es decir, deberíamos reflexionar sobre si los motivos que nos han llevado a elegir ese objetivo son los adecuados. Pero de eso ya trataremos en una próxima entrada.


De momento, tenemos deberes suficientes para los próximos días. ;)





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